FILOMÚSICA

Revista musical de publicación en Internet
(crítica publicada el día 19-3-2013)

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

Disfraces y alcoholismo

Por Víctor Pliego de Andrés

Così fan tutte dramma giocoso de Wolfgang Amadeus Mozart con libreto de Lorenzo da Ponte. Reparto: Anett Fritsch, Paola Gardina, Andreas Wolf, Juan Francisco Gatell, Kerstin Avemo, William Shimell. Orquesta y Coros titulares del Teatro Real. Dirección musical: Sylvain Cambreling. Dirección de escena: Michael Haneke. Escenógrafo: Christoph Kanter. Figurinista: Moidele Bickel. Iluminador: Urs Schönebaum. Director del coro: Andrés Máspero. Coproducción del Teatro Real, De Munt / La Monnaie de Bruselas. Teatro Real de Madrid, del 23 de febrero al 17 de marzo de 2013.

 

La casualidad ha favorecido al Teatro Real y el mismo día que se estrenaba la producción de Così fan tutte dirigida por Michael Hanecke, este recibía en Los Ángeles el Óscar a la mejor película extranjera con su aburrida y triste cinta Amour. La ópera es mucho más divertida que la película gracias, especialmente, al magnífico libreto de Lorenzo da Ponte. Sin embargo, la comedia no es precisamente el género que mejor concuerda con los gustos del cineasta austriaco convertido en eventual regista y eso se nota mucho, especialmente en el ritmo que imprime a la ópera. El director de escena opta por marcar su estilo personal añadiendo pesadas pausas entre los números,  pausas que fueron intensamente tosidas por el respetable madrileño, que desconectan la dramaturgia y restan nervio. La función dura media hora más de lo que es habitual. El humor de los personajes queda justificado por los licores que beben constantemente, hasta ponerse medio pedos, especialmente Guglielmo, llevando la comedia hacia el drama. El abuso del alcohol raya el mal gusto y pone un contrapunto, claramente intencionado, a la exquisitez del ambiente creado. Los personajes más locos salen perjudicados en un planteamiento tan serio y desnudo: don Alfonso y, especialmente, la pizpireta Despina, convertida en un extraño y hierático pierrot de Watteau. Cuando no queda más remedio que dar rienda suelta a la locura, el director recurre a una inesperada charlotada.

 

Ante la alternativa de mantener una ambientación de época o modernizarla, se opta por una solución inteligente, proponiendo una fiesta de disfraces en la que se mezclan trajes modernos y de época. El espacio también combina modernidad y clasicismo, situando la fiesta en una villa de Palladio con una galería abierta a la Toscana, cuyo interior ha sido lujosamente modernizado. Toda la realización técnica es absolutamente exquisita: el decorado, el atrezzo, las luces, el panorama, la chimenea, las sombras… El escenario es único, pero el cambio de horas y luces lo llena de vida. Los jóvenes cantantes escogidos para la ocasión se esfuerzan y ponen toda la chispa de que son capaces, a pesar de contar con una dirección muy pesada del maestro Cambreling al frente de la orquesta. Toda la producción parece sentirse incómoda con la excelsa partitura de Mozart, que parece quedar arrinconada. Las tensiones entre el material de partida y la lectura tratan, aparentemente, de estimular una reflexión, pero generan discordancias poco eficaces desde el punto de vista teatral. En todo caso, siempre es un placer escuchar esta maravillosa música imaginando el atardecer, la noche y los aromas de la Toscana.

 

Foto: Javier del Real

http://www.teatro-real.com/