FILOMÚSICA

Revista musical de publicación en Internet
(crítica publicada el día 15-4-2013)

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

Paisaje marino

Por Víctor Pliego de Andrés

Marina, ópera en tres actos de Emilio Arrieta con libreto de Miguel Ramos Carrión. Reparto: Mariola Cantarero / Sonia de Munck / Carmen Romeu; Celso Albelo / Antonio Gandía / Mikeldi Atxalandabaso; Juan Jesús Rodríguez / Luis Cansino / Ángel Ódena; Simón Orfila / Marco Moncloa / Rubén Amoretti. Dirección musical: Cristóbal Soler / Óliver Díaz. Dirección de escena: Ignacio García. Escenografía: Juan Sanz y Miguel Ángel Coso. Vestuario: Pepe Corzo. Iluminación: Paco Ariza. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Coro del Teatro de la Zarzuela. Director: Antonio Fauró. Nueva producción. Teatro de la Zarzuela, del 15 de marzo al 21 de abril de 2013.

 

 

Marina es una obra llena de inspiración melódica y musical, con números estupendos, pero con cierta falta de unidad estética que delata los conflictos a la hora de configurar una ópera española. Aún así, y a pesar de su débil libreto, con una resolución completamente inverosímil que raya lo absurdo, es una obra que se deja oír bien y su presentación constituye siempre un éxito. El Teatro de la Zarzuela ha realizado una nueva producción, defendida por tres repartos alternos. Mariola Cantarero protagoniza el primero de ellos, mostrando sus bellos agudos y cuidados finales. La frescura que da a su interpretación como Marina no se advierte tanto en la voz, algo cansada, y en unos rubatos caprichosos. Con Celso Albelo como Jorge ocurre al revés: es un actor rígido e introvertido, pero de voz luminosa y fluida. Juan Jesús Rodríguez cosecha los mayores triunfos y ovaciones, uniendo a una voz rica en colores, una actuación repleta de matices interpretativos. Además se le entiende perfectamente todo lo que dice y lo que siente. El público no duda en reconocer y aplaudir su arte y comunicatividad. Simón Orfila completa el cuarteto protagonista en el papel de Pascual, con una gran proyección y un personaje poco definido. Entre los otros repartos, nos han llegado ecos del éxito de Sonia de Munck. La dirección de escena es bastante rutinaria. No contribuye nada a definir los personajes y situaciones, y mueve con dificultad los grupos en un escenario ocupado en su mayoría por una perspectiva marina que reduce el espacio útil. El coro subsana estas carencias con su gran experiencia, alegría y buen hacer. Su aparición en escena, cantando desde las cajas, está bien resuelta y crea un efecto muy bello de transición desde el interior al exterior. El trabajo de las voces masculinas, que tienen más labor que ellas, es estupendo. La orquesta hace lo que puede ante la dirección poco clara y con algunos problemas técnicos del maestro Soler. Además se ha colocado una protección que evita la caída de la arena del escenario al foso, que apaga un poco el sonido de la sinfónica. La plástica de la producción resulta vistosa a la par que acartonada y tristona por una combinación de elementos cuya sinergia resulta poco efectiva: un decorado convencional y de estilo retro, con aparentes olas que agitan ventiladores, un vestuario algo zarrapastroso y una iluminación oscura. La presencia de agua real en charcos sobre la arena y el mar sugerido con telas resulta un poco incoherente. La estética de la producción recuerda un poco a la de Los miserables y parece querer conciliar la zarzuela con el musical. No me gustó especialmente, pero el público recibió con agrado su lenguaje kitsch y tradicional, así como la ausencia de experimentos y fantasías. La profesionalidad de los equipos técnicos y artísticos del teatro subsanó con largueza las debilidades de la concepción artística de esta función, tanto en la dirección musical como de escena, consiguiendo elevar la calidad general a un montaje que parte de un material desigual y de una mediana ideación.

http://teatrodelazarzuela.mcu.es