FILOMÚSICA

Revista musical de publicación en Internet
(crítica publicada el día 19-5-2013)

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

La gran pantomima

Por Víctor Pliego de Andrés

Romeo y Julieta, ballet en dos actos con música de Sergei Prokofiev, Inspirado en Shakespeare. Dirección y coreografía: Goyo Montero. Compañía Nacional de Danza. Escenografía: Goyo Montero y Verena Hammerlein. Vestuario: Verena Hammerlein y Goyo Montero. Iluminación: Goyo Montero y Olaf Lundt. Dirección musical: Koen Kessels. Orquesta Titular del Teatro Real. Nueva producción de la Compañía Nacional de Danza. Teatro Real de Madrid, del 16 al 27 de abril de 2013.

 

El ballet que Sergei Prokofiev dedicó a Romeo y Julieta tardó algunos años en estrenarse, pues sus ritmos fueron considerados, en su momento, demasiado atrevidos como para ser bailados. La Compañía Nacional de Danza ha producido la nueva coreografía de Goyo Montero, presentada en Nuremberg el año 2009 y que ahora llega al Teatro Real, donde la misma compañía presentó en 1998 la creación de Nacho Duato. El reto ha sido enorme y el resultado bello pero discutible. Montero hace gala de un buen conocimiento del vocabulario de la danza moderna y lo utiliza con pragmatismo para crear escenas vistosas, poderosas y llenas de fantasía. El recurso por el que apuesta es la pantomima en su sentido clásico y tradicional, creando una línea narrativa muy expresiva y legible. Los gestos, poses, hechizos, luchas, muecas, onomatopeyas, miradas y actitudes conducen la historia. Es un recurso cómodo y que llega a todo tipo de públicos. Apenas hay alusiones al teatro expresionista o al teatro-danza sino, más bien, a la ingenuidad del cine mudo. Pero se baila poco y hay muchas ideas que dan la sensación de ser rellenos, de que derrocha el talento de los bailarines, pues no encontramos en la pieza grandes solos ni grandes pases de deux, aunque sí algunas acrobacias. Hay más teatro que ballet. Las coreografías de conjunto son vistosas, pero algo gimnásticas y sin refinamiento en sus acabados. Siguiendo las modas del momento, la función inserta recitados en inglés que no se comprenden, que aportan poco y que rompen la estructura de la partitura. El espacio escénico está concebido según el minimalismo imperante, con andamios laterales, un muro rodante, caídas de telas y una iluminación predominantemente tenebrosa. Todo es muy estético y mediático, pero superficial y escasamente novedoso. De los atrevimientos que Prokofiev propone con su música apenas queda huella. El maestro belga Koen Kessels ofreció con la Orquesta Titular del Teatro Real una espectacular versión, viva y flexible.

 

Foto: Javier del Real

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