FILOMÚSICA

Revista musical de publicación en Internet
(crítica publicada el día 6-6-2013)

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

Oratorio en una carpa

Por Víctor Pliego de Andrés

Wozzeck. Ópera en tres actos con libreto del compositor basado en la obra de Georg Büchner. Reparto: Simon Keenlyside, Jon Villars, Roger Padullés, Gerhard Siegel, Franz Hawlata, Nadja Michael, Katarina Bradić. Director musical: Sylvain Cambreling. Director de escena: Christoph Marthaler. Escenógrafa y figurinista: Anna Viebrock. Iluminador: Olaf Winter. Dramaturgo: Malte Ubenauf. Director del coro: Andrés Máspero. Directora del coro de niños: Ana González. Orquesta y Coro del Teatro Real. Coro Pequeños Cantores de la JORCAM. Producción de Opéra National de Paris. Teatro Real de Madrid, del 3 al 20 de junio de 2013.    

 

Con Wozzeck, la programación del Teatro Real vuelve a reiterar un título recientemente ofrecido en el mismo escenario madrileño, que se presenta en una producción que no supera ni aporta nada nuevo a la anterior. Estas coincidencias están siendo más habituales que lo que la mala suerte o el olvido podrían explicar. A pesar de todo, la obra es impresionante y la versión que ofreció Cambreling con la Orquesta del Teatro fue excelente. Pocas veces hemos visto al maestro tan inspirado. Se nota que conoce y ama la partitura al detalle, lo cual explica probablemente la redundante elección. Parece que la hubieran escogido para darle ocasión de lucimiento y para resarcirse de algunos recientes desaciertos. Cambreling consigue extraer de la orquesta una rica variedad de colores, atendiendo al mismo tiempo a los distintos planos musicales, mientras que los tiempos y articulaciones son llevados con garbo en todo momento. La orquesta respondió con brillantez, estuvo magnífica y muy bien conjuntada. El resultado fue claro y ordenado, dejando lugar a la emoción.

 

Simon Keenlyside presenta una voz magnífica, aunque su buena planta no encaja con el mísero y enloquecido personaje que pretende ser Wozzeck. En este montaje, resulta ser el más sensato de los personajes, dando un giro al libreto de esos que tanto gustan a los modernos registas. Los demás personajes parecen estar más locos y desquiciados que el propio Wozzeck. Nadja Michael es quien cuadra con el personaje de Marie, haciendo un papel estupendo. La pareja del capitán y el doctor, a cargo de Gerhard Siegel y Franz Hawlata, resulta algo turbia y tal vez demasiado caricaturesca. El primero acentúa su autoritarismo con un tono chillón, mientras que el segundo cae en lo bufo con un color demasiado falso. En su afán de originalidad, la dirección de escena altera tanto el carácter de los personajes que les hace perder coherencia y sentido vocal. Los toques de humor que se introducen son inadecuados al estilo y estética expresionista de esta ópera, y resultan más un estorbo que una ayuda. Hay una tendencia a la frivolidad que casa mal con la crueldad del asunto tratado, mientras que las notas de humor negro quedan difuminadas.

 

La dirección de escena pretende actualizar la obra, pero falla de plano. Tiene algunos aciertos y varios problemas sin resolver. Entre los aciertos, la adopción de un tono verista en el contexto de un deprimente y tétrico centro de ocio, habitado por militares, niños, macarras y chonis. Entre los desaciertos, la presencia del típico nazi, y la muy desventurada solución para el asesinato y posterior eliminación del cadáver. Se incorporan diversos elementos simbólicos cuyo significado es un misterio para el respetable, lo cual provoca distanciamiento cuando no desconcierto. La presencia de un pianista en escena tampoco se articula bien dentro de la acción.  El decorado es un espacio único y realista que consiste en una carpa con una cantina verbenera. El estatismo de la escenografía se traslada a la dramaturgia, que tiende al oratorio. Las mesas alineadas que ocupan la escena dificultan movimientos de los artistas por el escenario y transforman a los cantantes en estatuas. La presencia de niños saltando en el área de juego que hay al fondo no contrarresta en nada esa quietud, sino que la hace más evidente y fatigosa durante largos períodos. La dirección de escena propone una estética de la imagen basada en el diseño de estampas fijas más que en el movimiento. La producción se deja ver, pero sobre todo se deja oír, pues la parte musical es la que mejor funciona con gran diferencia.

 

Foto: Javier del Real

http://www.teatro-real.com/