Ópera-protesta

 

Hubo una época para la canción-protesta. Ahora ha nacido un nuevo género al que podríamos llamar ópera-protesta, o bien la ópera-asamblearia. Ojalá tenga un gran futuro. Los directores de los teatros de ópera tendrán que observar el fenómeno que ahora nace con gran éxito y los gobernantes advertir que las multitudes se organizan. Gentes de todas las edades y profesiones se han unido para crear, montar y estrenar una ópera reivindicativa. Algunos son músicos profesionales y otros estudiantes; los más son aficionados, todos llenos de entusiasmo. El impulso ha nacido de las Asambleas del 15M, al que se han sumado diversos colectivos. El domicilio ha estado ubicado en la Nave Trapecio del Centro Autogestionado Tabacalera de Madrid, donde se produjo el estreno el día 19 de mayo, conmemorando el segundo aniversario del 15M. El éxito fue rotundo, el llenazo completo y las ovaciones intensas, por parte de un público entregado que hizo, sin pesar y contra la inclemencias meteorológicas, largas colas para entrar. Los dos pases previstos se ampliaron a tres. Cada función duró unos cuarenta minutos. El estreno ha supuesto una magnífica celebración del 15M y ha sido una fiesta.

 

El colorido de la escenografía, realizada con pancartas, camisetas, letreros y tiendas de campaña, refleja claramente el origen de la iniciativa, los movimientos y mareas subyacentes, su carácter reivindicativo, así como la pluralidad de los participantes. El 15M cuenta con su particular estética, llena de resonancias hippies y okupas. Ya se han producido intentos de emular esa tendencia desde los escenarios oficiales, pero ha sido, como cabía esperar, con figurantes y escasa credibilidad. El libreto de la ópera-protesta es obra del economista José Manuel Naredo, que publicó hace veinte años una primera versión en la revista “Archipiélago”. La evolución posterior del mundo ha dotado de tremenda actualidad a esta parodia sobre el capitalismo, sus políticos, sus curas, sus trabajos precarios y sus ideologías que, parafraseando a Wagner, se titula “El crepúsculo del ladrillo”, ópera bufa para tiempos de crisis. El autor considera que la crisis que sufrimos actualmente es “la consecuencia lógica del despotismo democrático y del capitalismo caciquil que ha seguido gobernando el país durante el postfranquismo”. Como otros muchos economistas, conoce los precedentes y desmiente que la crisis sea un accidente inesperado. El texto plasma el sentir general de los indignados y por eso, todo el público y los participantes en la producción entendieron y compartieron perfectamente el mensaje.

 

La música de esta ópera es de tono clásico pero popular. Se mueve entre el musical y la zarzuela. Ha sido compuesta por David Alegre e interpretada por la orquesta y los coros de La Solfónica bajo su dirección. Esta agrupación musical autogestionada, que debutó y actúa en las calles de Madrid acompañando a distintas mareas, está formada por personas a quienes une el deseo de expresar sus reivindicaciones de manera artística, demostrando que es posible hacer actividades musicales al margen de las instituciones oficiales. Han actuado como solistas entregados Marissa Amado, Iván Barbeitos, Alfonso González y Manuel Noya, aunque los coros tienen un gran protagonismo, representando la voz de distintos colectivos. La puesta en escena ha sido realizada por Octavio Colis, el vestuario por Guillermo Ferreria y Liliana Pineda ha coordinado la producción, en la que han participado más de 130 voluntarios.

 

Mientras esta ópera-protesta se estrena con gran éxito y entusiasmo, las últimas producciones del Teatro Real (“Don Giovanni” de Dimitri Tcherniakov) y del Teatro de la Zarzuela (“Viento es la dicha de Amor” de Andrés Lima) han sido ruidosamente protestadas por el público. Las instituciones de la cultura oficial a veces se empeñan, igual que los políticos, en ir contra la ciudadanía. En el siglo XVIII, las apasionadas querellas en torno a la ópera francesa vaticinaron la revolución que luego vino.

 

Al final de la ópera-protesta se despliega una gran pancarta con el lema “REBELIÓN”, mientras la muchedumbre corea con una sola voz: “¡Sí se puede! ¡Sí se puede! ¡Sí se puede!...” Esta magnífica iniciativa demostró que, efectivamente, es posible que el arte aún juegue un papel social, que la ópera siga viva, que se puede hacer sin presupuestos millonarios, y que puede llegar a mucha gente. Es verdad que se puede esto y mucho más.

 

Víctor Pliego de Andrés

Revista TRABAJADORES DE LA ENSEÑANZA

Junio de 2013